miércoles, 31 de enero de 2007

... Abrí mis alas y volé

Sentada en el final del mundo miré al vació y lloré, por no saber que me esperaba al otro lado del salto. Durante tiempo estuve meditando si esta era la mejor solución, porque para ciertas enfermedades no hay cura.

Y me preparé para la pirueta final, aquella que nos hace desaparecer del mundo. Sentí el palpitar de mi corazón en todo el cuerpo, y la respiración acelerada llenando de oxígeno mis músculos, preparados para volar por última vez.

Me había resignado hacía ya tiempo… tanto, que no supe recordar el momento en que crucé la línea y perdí la esperanza de alcanzar lo que deseaba.

Dí unos pasos hacia atrás, para que al abandonar el suelo pudiese sentir el aire dentro de cada poro de mi piel antes de abandonar la creación. Dudé, pero un último susurro que no sé de dónde salió me dijo:

- Tu puedes, hazlo!.

Salté. Y el aire entro en mis poros, y el miedo se fue, y cuando me di cuenta de que estaba cayendo a la nada sonreí, porque supe que no hay final, que todo es eterno...


Y por fin, desperté de mi sueño.

sábado, 20 de enero de 2007

Soledad

Unos días de soledad, sin compañía. Y me doy cuenta de que cuantas veces mis fantasmas vienen a saludarme desde las esquinas de la casa.
A veces, cuando estás rodeado de gente, pierdes la conciencia de ti, de lo que sientes,
de lo que sueñas... pero estando contigo mismo tu eres lo único que puedes observar, cuestionar, descubrir.
Al principio es complicado no oír la voz de nadie a tu alrededor durante todo el día, o saber que en casa no te esperan para cenar, porque o cocinas tu, o ayunas. En esos momentos, prefieres poner la radio, solo para que el ruido de fondo te haga olvidar el que sale de tu cabeza. Pero lo más bonito, es que poco a poco te vas dando cuenta de que no es tan peligroso descubrir lo que no sabes de ti mismo. Lo más probable es empezar a observar como actúas, como piensas, que es lo que te falta o te sobra y eso conlleva normalmente el juzgarse y criticarse. Cuando pasa el tiempo (y si sobrevives) un día, te das cuenta de que ya no crees que tengas tantos defectos, aunque eres consciente de tus tics y manías también lo eres de aquellas cosas que te hacen especial.
Y esa es la gran magia de la soledad.
Por cierto, hoy por el pasillo he descubierto una virtud, y me ha dicho que los fantasmas se están yendo.




miércoles, 17 de enero de 2007

Gracias corazón


Gracias corazón.

Por querer tanto.

Por hacerme sentir felicidad,

emoción, alegría y amor, lo único importante.

Por gritar alto lo que quieres
y por perdonarme cuando no te escucho en los momentos que más razón tienes.

Gracias corazón, por que me haces ser quién soy,
por que brillas más
fuerte que ninguna otra luz
y me guías al lugar en el que me siento más en paz.

Corazón, me enseñaste a cantar al mundo,
a dar las gracias y a perdonar.

Es por eso que mereces un gran aplauso,
porque me ayudaste entender que la mayor sabiduría reside en mi interior,

en ti, mi corazón.