miércoles, 18 de abril de 2012

La soledad del tacto

Apenas si nos tocamos. Olvidamos las caricias deliciosas de unos dedos jugando con nuestro cuerpo, mientras nuestra piel es incapaz de conformarse con el tacto de la ropa cubriéndola. Despreciamos la sutileza de una mano amiga sobre nosotros, mientras añoramos en secreto su tacto. Y así, de a poquito, perdemos la noción de dónde acabamos nosotros y epieza el mundo.

Tocarnos es la forma que tenemos las personas de decirnos que existimos, que somos más que una mente, que nos gustamos, que no estamos solos. acariciarnos, besarnos, mordernos, hacernos cosquillas, es la forma más tierna de despertar nuestros sentidos, pero nos emperramos en aislar nuestros gestos, en no compartir un espacio común e íntimo. Mientras tanto, nuestro cuerpo se marchita y, al final del día, sentimos que aunque nos rodeen muchas personas, estamos solos.


Por eso te propongo (y me propongo) recordar la sensación de estar presente cuando unos brazos te rodean. Recordar el placer que causa la piel de otro rozando la tuya. Recordar y describir a alguien amado con el tacto...


Quizás así perdamos el miedo al contacto y podamos empezar a tocarnos más. Lo agradeceremos.