si internet no me hubiese fallado hace dos días, este hubiese sido el post:
mmmm.... La 22.27 del 25 de marzo. Aún llevo la chaqueta puesta.. y eso que hace un rato que he vuelto del gimnasio. No sé, últimamente hace frío a mi alrededor, eso o es que entre el tute del "bosu", que estoy cansada y que se me ha olvidado poner la estufa estoy destemplá... Aix... Volvemos a la vida diaria, se han acabado las vacaciones de semana santa, (cosa que agradezco sobremanera) y los pacientes que se han hecho algo durante las fiestas desfilan por la sala de rayos de la clínica. Que si un pie torcido esquiando, que si los paseos en bici me han pasado factura, que si tengo que hacerme una ortopanto a las 9 de la mañana... en fin, normal. Yo, contenta con mis jefes, que son muy majos y me tratan muy bien. Sigo haciendo alguna pifia... pero, oye, que solo llevo cuatro días (literalmente hablando).
Sobre lo demás... Digamos que mi mente es una maraña de ideas claras de las que huyo, dolor, frustración y un regustillo a ganas de seguir viviendo. Estos días me he enganchado al mister. Se que quizás no era la solución, pero es que no he querido pensar, he q
uerido tener las emociones entumecidas un poco más, verte solo en los sueños en los que me enseñas que es lo que he escogido.
Pero, sabes, la pena es como el agua... por más que levantes muros para que no pase, por mucho que intentes contenerla, o encerrarla, su fuerza, poco a poco pero inexorablemente va desgastando la cárcel que la encierra, hasta que, un día, sin darte cuenta, la primera grieta aparece....y te rompes por dentro. Porque la pena sale por ese huequito abierto, al principio poco a poco, a gotitas. Y sientes un dolor que te hace saber que ya no valen los diques, porque la pena al final, siempre sale.
Las punzadas van en aumento a medida que asumes que no puedes luchar contra su fuerza, que va a ir surgiendo, hasta que ya no quede más. El truco, según voces sabias, es dejarlo pasar a través de ti. Sentirlo; el dolor, la ausencia, la soledad, el miedo a lo que ha de venir, la falta de contacto real con el mundo... y cuando ya lo has sentido, cuando ha llenado cada poro de tu piel y te ha vaciado, cuando has muerto en esa pena que crees que no va a pasar, entonces, saludas a tu dolor, le das las gracias, y lo dejas pasar. Porque, al igual que el agua, esa tristeza te golpea con toda su fuerza, pro también te limpia, y lo que es más importante, no hay que ser el hogar de la pena, porque como la esencia que calma nuestra sed, cuando ésta se estanca, se convierte en un veneno que todo corrompe.
Así pues, en proceso estamos. Hoy he sentido la primera grieta, y se que quizás lleguen más y que probablemente el río brotará. Pero dejándolo fluir es la única manera en que puede marcharse. De mientras, en la otra orilla pienso empezar a construir mi nueva morada, mi nuevo día. Quizás la construya en la montaña, donde se encuentra la puerta que te lleva al otro lugar, donde moran las almas verdaderas y vive la luz. Desde donde ver el mundo, jugar y aprender, vivir en el mí y en el mundo.
Gracias, a ti, que tanto me enseñas aunque ya no estés cerca.
