Siempre supe que quería brillar. Desde pequeña tuve la impresión de que mi lugar se encontraba en un sitio importante. Bajo los focos. No te lo sé explicar. La sensación es la de tener una luz en el pecho que brilla y se expande, alegre y dulce, que todos pueden ver y admirar. De pequeña, sabía con una fuerza animal e instintiva, que yo tenía que hacer algo especial y único. Que yo estaba hecha de un material diferente al resto, no mejor ni peor, si no diferente.
¿Cómo un niño puede expresar con palabras una certeza tan grande? Yo no podía. No pude más que mostrar esa luz, esa capacidad para bailar con la vida, para imaginarla, reírla, sentirla a los que tenía a mi alrededor, para ver si ellos, en su experiencia como adultos, entendían el mensaje. Para ver si ellos podían poner voz a esta fuerza que me recorría.
Pero hay demasiados adultos asustados de la luz por el mundo. mayores que han olvidado su inocencia y su gracia innata, y que no sólo optan por apagar su propia luz, por detener su fuerza, si no que se esfuerzan por apagar la de los demás, por derrotar al resto, para no tener que recordar por otro aquello que ellos han querido olvidar...
Y así, mis piruetas se convirtieron en molestos movimientos que entorpecían su descanso durante la siesta, mis cuentos inventados, en exceso de imaginación infantil, mi desparpajo, en afán de protagonismo y mi inteligencia y perspicacia en la caricatura de una sabelotodo insistente.
Intenté resistir. Les mostré sin palabras quién era, lo tenía tan claro, que me esforcé por hacerles entender que no tenían que temer(me). Encendí aún más esa luz, los envolví en ella, les dí todo mi amor para que comprendiésen que yo no era una amenaza, si no un ser que necesitaba que la ayudaran a creer y crecer en su naturaleza primordial... Pero el amor rechazado a golpes se cansa, y empecé a dudar.
En aquél entonces, yo no alcanzaba a saber que no era culpa mía que a mi alrededor los mayores estuvieran enfermos del corazón y que su ilusión llevaba muerta muchos años. Yo acababa de llegar a este mundo y lo sentía amable como el calor del sol en primavera, mientras ellos lo vivían como un crudo y perenne invierno.
Y así, a fuerza de desprecio constante y olvido, empecé a pensar que no me entendían, y me dispuse a luchar por conseguir un lugar en el que ser escuchada, amada y valorada por quién era. Empecé a enseñar esa luz y esas ansias de vivir mi verdad más allá del hogar, pero las semillas de temor y abandono brotan fuertes y silenciosas cuando quién las planta es quién debería protegerte y acompañarte.
Es tan triste abandonar a los que quieres que te amen. Es tan desgarrador darte cuenta que no hay asilo dónde deberías sentirte segura. Es tan doloroso... Y aunque en mi huida creí encontrar el alivio que buscaba, las flores de la amargura, la rabia y la decepción del principio consiguieron apagar mi luz. Y me han dejado a oscuras.
Ahora, con 23 años, casi he olvidado esa fuerza con la que llegué aquí. Sé que existe, en algún lugar de mi. Sé, que esa niña que sabía tan bien quién era y qué quería, sigue viviendo en mi interior. Pero la brecha de la incomprensión se ha hecho tan grande, estoy tan falta de ese amor primigenio, que no sé como llegar a ese sitio dónde mi luz aún brilla.
Yo sólo quería que me diesen la voz para poder vivir mi camino. Yo sólo quería su reconocimiento, como quién mira un objeto y lo llama por su nombre, ya que es éste el que le da un sentido y un lugar en la realidad. Yo sólo quería su amor sin trampas, verdadero y acogedor.
Lloro. Y sé que no se puede cambiar a las personas, como no se puede despejar el cielo por mucho gritar a la lluvia. Lo sé. Pero aunque mi mente lo sabe, sigue llorando esa niña que no entiende porqué su Vida era un problema para los muertos de su alrededor.
Siento cada vez con más fuerza que va siendo hora de consolarla y darle la voz que le negaron. Es el momento ya de darle ese amor que no conoció. Ahora, es cuando me toca saber quién soy, porque en estas sombras no me toca quedarme. Por que es con esta luz, con la que me toca vivir. Y no puedo olvidarlo.