lunes, 25 de julio de 2011

Un oasis...


...en medio del desierto de esta ciudad, la tuya un poco más allá, calma mi sed y mis ganas, abraza el drama y lo hace humor salado. Desaparecen los fantasmas y luce el sol en este verano oscuro. Olvido lo prescindible mientras me asomo a la ventana y oigo la música de los demás al otro lado de la calle. Construyo, mientras escribes en el salón, planes de recreo para cuando la noche nos venga a saludar y respiro tan profundo como hacía tiempo no recordaba que podía hacer.

De vez en cuando un pensamiento torcido, pero es besado tan rápido por tus manos que la risa vuelve a resbalar por mi nuca y me convierto en inocente niña que solo quiere pasear junto a ese río que separa nuestros mundos.

Te miro y siento que quisiera llevarme un poquito de esta paz a los lugares que me agitan el alma, y así ser valiente cuando las rodillas me fallan. Se que el desierto me espera a la otra punta del territorio que abarca nuestra vista, y me avituallo antes de salir de la tierra dónde aún crece la hierba. Las historias de tiempo atrás que escucho de tus labios alimentan mi curiosidad y llenan mi mochila de viajante mientras lamo la sal que margarita ha dejado en los mios después de nuestro beso de tequila.

Y hoy, que el lunes me despierta con una palmada cariñosa en el trasero, me doy cuenta de que no puedo seguir descansando en el naranja de tu cama y es hora de abandonar el nido seguro que a trazos gruesos y superpuestos hemos construído. Pero esta vez el camino parece más benevolente y seguro, y al calzarme las botas añado con una sonrisa alguna otra nota de color al refugio. Ya preparada, después de unos besos humedos abandono envuelta en una nube de seda mostaza el lugar. Y al alejarme voy mirando un poco atrás, por si te asomas poder lanzarte un beso de caminante que te llegue al alma.

Un beso para ti, guardián del oasis.

martes, 19 de julio de 2011

Cheese!


Porqué tan seria?
me pregunta un extraño al que miro por primera vez... Y sonrío. A veces es así de fácil. Relajación del rostro, elevación de las comisuras, y si es de alegría auténtica, las arrugas en los extremos de los ojos sonríen también.

Pienso en las sonrisas que nos regalamos cada día y de nuevo sonrío. En las que intercambiamos con los que amamos, las que se despiertan gracias al sonido de algún momento de alegría, las que te sorprenden en medio de un pensamiento que no esperabas.

Hay tantas y diferentes sonrisas! Algunas son tan midas, que sólo un observado ávido de encuentros es capaz de verlas. Otras, son tan enormes que no pueden ser ocultadas, y se pasean orgullosas, intentando sobrepasar el mite que la anatomía les ha impuesto. Existen las breves pero intensas, que se presentan como fogonazos de luz en medio de la oscuridad del entorno y con la misma rapidez con la que aparecen se van, dejando un regusto dulce en la boca que es imposible evitar relamer.
También están las medias sonrisas, aquellas que combaten contra los dientes que mordisquean su territorio, y sólo pueden asomarse a uno de los lados de la boca, pero no te equivoques, estas luchadoras consiguen con su azaña envolver el momento de sensualidad y ternura.
Especial mención tienen las sonrisas salvadoras, que traen espacios de paz entre la tristeza, dibujándose en rostros que han olvidado que es eso de la gracia de la alegría. Son muy importantes, ya que su cometido es recordar a su dueño que aunque la dicha no se encuentre presente tanto como se necesitaría, no ha olvidado su verdadera naturaleza.

Y pensando, pensando, recuerdo que alguien me preguntó una vez de dónde nacen las sonrisas verdaderas, y tras sonreír y seguir pensando, le expliqué la verdad de ellas: Nacen en un rinconcito especial que existe en el corazón, en el que esperan a cumplir su cometido. Des de allí, cuando su momento ha llegado, se desplazan dulcemente por el pecho, llenándolo de un perfume de calma y flores silvestres, de camino al rostro. Después, atraviesan la garganta haciéndole cosquillas y aclarando las cuerdas vocales, para que el sonido de un suspiro contento y fresco las acompañe... Y cuando están listas, cargadas de la alegría que les da recorrer nuestro cuerpo, emergen como pequeños soles, tan suavemente que sólo nos damos cuenta de que están allí cuando se han instalado en nuestros labios y están iluminando nuestra cara y el lugar en el que nos encontramos.
Pero lo cierto es que las sonrisas auténticas son inquietas, y no se conforman con habitar unos únicos labios, así que una vez nacidas, saltan hacia otros, para iluminar también el rostro de quién la recibe, para llenar al nuevo propietario de las mismas sensaciones que la hicieron surgir, y que entre los sonrientes, puedan ser compartidas.
Porque la auténtica sonrisa es un regalo, no sólo para quién la muestra, si no también para los que la observan y dejan que nazca en ellos también.


Así que regala sonrisas, nos harás mucho bien.


:D

viernes, 8 de julio de 2011

...Y no puedo olvidarlo.


Siempre supe que quería brillar. Desde pequeña tuve la impresión de que mi lugar se encontraba en un sitio importante. Bajo los focos. No te lo sé explicar. La sensación es la de tener una luz en el pecho que brilla y se expande, alegre y dulce, que todos pueden ver y admirar. De pequeña, sabía con una fuerza animal e instintiva, que yo tenía que hacer algo especial y único. Que yo estaba hecha de un material diferente al resto, no mejor ni peor, si no diferente.

¿Cómo un niño puede expresar con palabras una certeza tan grande? Yo no podía. No pude más que mostrar esa luz, esa capacidad para bailar con la vida, para imaginarla, reírla, sentirla a los que tenía a mi alrededor, para ver si ellos, en su experiencia como adultos, entendían el mensaje. Para ver si ellos podían poner voz a esta fuerza que me recorría.

Pero hay demasiados adultos asustados de la luz por el mundo. mayores que han olvidado su inocencia y su gracia innata, y que no sólo optan por apagar su propia luz, por detener su fuerza, si no que se esfuerzan por apagar la de los demás, por derrotar al resto, para no tener que recordar por otro aquello que ellos han querido olvidar...

Y así, mis piruetas se convirtieron en molestos movimientos que entorpecían su descanso durante la siesta, mis cuentos inventados, en exceso de imaginación infantil, mi desparpajo, en afán de protagonismo y mi inteligencia y perspicacia en la caricatura de una sabelotodo insistente.

Intenté resistir. Les mostré sin palabras quién era, lo tenía tan claro, que me esforcé por hacerles entender que no tenían que temer(me). Encendí aún más esa luz, los envolví en ella, les dí todo mi amor para que comprendiésen que yo no era una amenaza, si no un ser que necesitaba que la ayudaran a creer y crecer en su naturaleza primordial... Pero el amor rechazado a golpes se cansa, y empecé a dudar.
En aquél entonces, yo no alcanzaba a saber que no era culpa mía que a mi alrededor los mayores estuvieran enfermos del corazón y que su ilusión llevaba muerta muchos años. Yo acababa de llegar a este mundo y lo sentía amable como el calor del sol en primavera, mientras ellos lo vivían como un crudo y perenne invierno.

Y así, a fuerza de desprecio constante y olvido, empecé a pensar que no me entendían, y me dispuse a luchar por conseguir un lugar en el que ser escuchada, amada y valorada por quién era. Empecé a enseñar esa luz y esas ansias de vivir mi verdad más allá del hogar, pero las semillas de temor y abandono brotan fuertes y silenciosas cuando quién las planta es quién debería protegerte y acompañarte.

Es tan triste abandonar a los que quieres que te amen. Es tan desgarrador darte cuenta que no hay asilo dónde deberías sentirte segura. Es tan doloroso... Y aunque en mi huida creí encontrar el alivio que buscaba, las flores de la amargura, la rabia y la decepción del principio consiguieron apagar mi luz. Y me han dejado a oscuras.

Ahora, con 23 años, casi he olvidado esa fuerza con la que llegué aquí. Sé que existe, en algún lugar de mi. Sé, que esa niña que sabía tan bien quién era y qué quería, sigue viviendo en mi interior. Pero la brecha de la incomprensión se ha hecho tan grande, estoy tan falta de ese amor primigenio, que no sé como llegar a ese sitio dónde mi luz aún brilla.

Yo sólo quería que me diesen la voz para poder vivir mi camino. Yo sólo quería su reconocimiento, como quién mira un objeto y lo llama por su nombre, ya que es éste el que le da un sentido y un lugar en la realidad. Yo sólo quería su amor sin trampas, verdadero y acogedor.

Lloro. Y sé que no se puede cambiar a las personas, como no se puede despejar el cielo por mucho gritar a la lluvia. Lo sé. Pero aunque mi mente lo sabe, sigue llorando esa niña que no entiende porqué su Vida era un problema para los muertos de su alrededor.

Siento cada vez con más fuerza que va siendo hora de consolarla y darle la voz que le negaron. Es el momento ya de darle ese amor que no conoció. Ahora, es cuando me toca saber quién soy, porque en estas sombras no me toca quedarme. Por que es con esta luz, con la que me toca vivir. Y no puedo olvidarlo.

sábado, 2 de julio de 2011

Poco, que ya es mucho.


La mascara ha caido. No hay más alla de lo que ves, lees y escuchas en mi. No me importa, la verdad es que el corsé de la mentira era demasiado estrecho para dejarme respirar con tranquilidad... Ahora, bebo el aire que vuelve a fluir libre por mis pulmones y empiezo a recuperar la conciencia poco a poco.

¿Quién soy? me preguntaba estos dias, luchando con el fantasma de una imagen ilusoria de mi misma, y con una imagen distorsionada de la realidad. Esa afrenta me estaba volviendo loca... pero entre el ruido de las imágenes, los acontecimientos, cuando creí que no podría salir del dolor que produce ver que tu mentira se desace... respiré hondo y salté al vacío.

¿Quién ha dicho que tenemos que saber definir exactamente quienes somos? me pregunté frente al espejo... y empezó a aflojarse la presión en el pecho. Recordé el "Conócete a ti mismo" de Sócrates, y ve di cuenta lo poco que sabia de mi. Sí podía dar una inexacta y distorsionada definición de mi, pero la verdad es que conocerme, me conozco más bien poco... Y así cayó la máscara y se hizo añicos el espejo...

Ahora, me doy cuenta de que frente a mi tengo un lienzo en blanco, preparado para se pintado con un rostro mucho mas sincero, el que refleja la verdadera naturaleza conocida de una. me doy cuenta, agradecida, que no saber quién soy me permite descubrirlo. Sin máscara ni una definición exacta de mi persona, puedo simplemente ver a cada paso quien soy, y entonces saborear sinceramente la imagen que surje con cada movimiento. Eso será mucho más sincero, gratificante y auténtico que sostener una visión construida pero no experimentada realmente.

En esta oportunidad cojeré los pinceles con delicadeza, sin prisa pero sin pausa, extenderé todos los colores en la paleta, y dejaré que la música de los acontecimientos guien mis trazos.


Tengo ganas de descubrir quien soy. Eso sí es algo que ahora se de mí.