Encontrar el erotismo cuando miro con ojos felinos a esa persona pasearse ante mí, me llena de placer. Más allá del puro placer sexual, me llena de ese goce anterior a la sutil excitación que puede convertirse en deseo y devenir en satisfacción.
Es la sutileza de la sensualidad en cada gesto lo que despierta la excitación. Observar como cada ligero cambio de postura que se produce en el movimiento de salir de la cama es un momento de autentica voluptuosidad. Ahí encuentro el erotismo.
Cada movimiento puede cargarse de erotismo y oculto placer si lo observas con ojos buscadores. Cada movimiento de tus manos al cortar un tomate mientras preparas la ensalada está cargado de libídine y sutil seducción.
Sí, creo que es la seducción de las formas sutiles lo que devuelve mis sentidos a su estado natural de alerta y excitación. Puedo pensar en cómo te revuelves el pelo cuando piensas en algo importante que no tienes claro, en cómo te atas las sandalias antes de salir de casa, en como miras fijamente al ordenador en busca de la película que veremos esta tarde.
Y realmente, adoro ese aroma de la sensualidad en el aire que lo llena todo.
Cuando envuelvo con esa mirada cada gesto a mi alrededor todos se convierten en eróticos. Puedo (y puedes) ver esa carga de tensión en la forma en cómo alguien espera el autobús distraído leyendo un libro, en la forma de correr de los que cruzan la Diagonal, en cómo se curva mi cuerpo cuando el placer me sobrepasa.
Y cuando miro con esa sensualidad curiosa asomando en los ojos, buscando en cada lugar y en cada persona, descubro que mis movimientos también se llenan de concupiscencia y deleite. La mirada dulce, la forma de colocarme las medias, cómo desgajo una naranja y me la como, mis dedos tecleando la calculadora… todos esos gestos se cargan como por arte de magia, del erotismo que veo a mi alrededor y que se encuentra realmente oculto en cada uno de ellos.
Porque, en realidad, el erotismo se encuentra en los ojos del espectador.









