Con un científico amigo con el que comparto la pertenencia al jurado de Ciencia del premio Príncipe de Asturias abundábamos en la inseguridad que, a veces, comporta profundizar en el conocimiento; todo lo contrario de lo que uno pensaba. Los tres científicos premiados este año han demostrado que no todos percibimos el dolor de la misma manera. Y ya sabíamos que el color, por ejemplo, no lo vemos exactamente como los demás porque el color no está en la naturaleza, sino en el interior de nosotros mismos.
Para colmo de males acabo de identificar los resultados que no conocía de un experimento efectuado varios años atrás, en el que se comparaba las zonas cerebrales activadas cuando un grupo de hombres hablaba con otro grupo de hombres. El resultado fue el esperado. Igual ocurría cuando un grupo de mujeres hablaba con otro grupo de mujeres. Ahora bien, cuando éstas se dirigían a un grupo de hombres, a partir de un momento dado del discurso, se activaban en ellos los circuitos típicos de la percepción musical. No es, pues, tan extraño como a veces se supone que los representantes de los dos sexos no se entiendan en todo momento.
El último ejemplo de las distintas maneras de percibir la realidad me lo acaba de diagnosticar mi otorrino. Mi acústica es tal que oigo muy bien lo que me dicen los demás, pero no siempre lo entiendo, aunque hablen en mi idioma. Ésa no es la condición del resto, lo que conlleva que no todos entendamos lo mismo, aunque todos oigamos igual o muy parecido.
Entrada completa a http://www.eduardpunset.es/6725/general/es-dificil-asumir-que-hay-preguntas-sin-respuesta
Estudiar, estudiar, estudiar. Més encara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario