domingo, 6 de junio de 2010

El duelo.

“Podríamos definir el duelo (Del latín dolus que significa dolor, lástima, aflicción) como "la respuesta emotiva a la pérdida de alguien o de algo. No es un momento, no es una situación o un estado, es un proceso de reorganización del sistema familiar, algo que tiene un comienzo y un fin" (Pereira,1995:1).

Es un proceso, normal, dinámico y activo y no un estado. Se trata de un proceso íntimo y privado, pero a la vez, público (rituales, luto, etc.). Es un proceso tendente a la reorganización y la elaboración, con dimensiones individuales, familiares y sociales.

Los duelos tienen un componente narcisista importante (pérdida narcisista), ya que con las pérdidas significativas que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida perdemos parte de nosotros mismos. Hemos puesto tanto de nosotros en el "objeto" o ser amado, que cuando éste ya no está, parte de nosotros se va también. A su vez, es importante resaltar que a mayor apego, mayor significado y mayor dolor cuando el "objeto" o persona desaparece. Sin embargo, hay que señalar que todas las pérdidas incorporan ganancias; la experiencia del duelo supone un proceso de crecimiento.

El duelo conlleva dos tipos de afrontamientos: un afrontamiento emocional y un afrontamiento racional. Es el primero el más difícil y el que más largo tiempo necesita; el segundo resulta más accesible transcurridos los primeros momentos de la pérdida. Esta afrontamiento racional se le puede llamar “la crisis de la propia de la pérdida”, el sufrimiento que comporta el tener que reconocer y aceptar que la persona desparecida ya no está y además, que no va a volver.”


Fases del duelo


1. Desconcierto e incredulidad. Es la primera reacción ante la noticia: “Esto no me está pasando a mi”. Es la negación de la realidad, un alejamiento del hecho para intentar paliar los efectos del acontecimiento.


2. Tristeza profunda y agresividad. Se producen reacciones de ira y descontento, incluso ante quienes les rodean, angustiados por ser el protagonista de una desgracia.


3. Desesperación y depresión. Con apatía, tristeza y fragilidad, nos vamos haciendo a la idea de una pérdida irreversible. Es la silenciosa resignación.


4. Aceptación y paz. Va reapareciendo la necesidad de centrarse en las actividades cotidianas, de abrirse a las relaciones sociales. No obstante, nunca se vuelve al estado anterior a la pérdida, podríamos decir que la persona ha crecido al asumir este revés.


También podemos hablar de los 5 estados del lamento, de la Dra. Kübler-Ros:

Negación---Ira---Negociación---Depresión---Aceptación.



Jajaja! Ingenua de mí, creí que podría salvarme…

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