
Decido que no quiero escapar de tu abrazo, aunque el pánico escénico intenta hacerme girar sobre mis pasos y salir de la cama. Revuelvo mi pelo, de esa manera que tanto te gusta, mientras te acercas al centro de mi placer. Puedo sentir el olor de tu cuerpo mezclarse con mi renovada alegría. Te quiero, siento, y aunque no te lo digo, dejo que mis caderas se muevan al son del ritmo primario que nos mece en esta mañana de Junio. Había olvidado el placer de perderse en el otro, de fundirse y deshacerse sin pensar en lo que vendrá. Tus manos vencen a mi mente, y el dolor de mi cuerpo antes dormido se transforma en una danza de gemidos bañados de luz. Sonríes divertido y sexy mientras me observas delirar, contraerme y no poder más... Arqueo mi espalda, tenso cada esquina de mi cuerpo, entreabro mi boca en un suspiro acelerado mientas te agarro fuerte... En este éxtasis, eres lo único que me ata a la realidad...
...Y pierdo el sentido mientras pronuncio tu nombre, deshago los nudos de mi pecho, libero la presión que oprimía mis sentidos, despliego mis alas y mientras vuelvo a la estancia liberada y nueva, siento que aunque me marchase alguna vez, olvidase quién era, me perdiera... He vuelto por fin.

Con el alma entera, te acompaño en tu locura, te sigo hasta la pequeña muerte y te espero a su vuelta otra vez. Al revivir, suavemente acaricio tu pelo enredado, mientras descansas en mi pecho. Sonrío más fuerte que nunca. Entorno los ojos con dulzura y ahora sí. Ahora, te lo digo.
Te quiero.
