viernes, 24 de junio de 2011

Algunos buenos días


Bésame despacito, te pido. Con un cuerpo dolorido que se despierta poco a poco del letargo de días fríos en medio de una primavera soleada que se va, siento tus boca recorrer mi cintura. me revuelvo entre sábanas blancas que apenas cubren mi desnudez inocente. Entra el sol en el salón, y su luz vespertina me recuerda que el buen verano ya está aquí. No huele a café aún, pero tu pecho sobre el mio hace que me olvide que el día ha llegado. Sonríomidamente, y el sol entra también en la habitación. Creo que estoy preparada. Cojo tu cara entre mis manos de pianista que aun no es, y te beso yo también. En la frente, en el pelo, en las orejas, la nariz, en las mejillas... recuerdas cuanto me gusta pasear por tu rostro antes que se despierte la conciencia? Aterrizo en tus labios y me encuentro con tus ojos llenos de amor, diciéndome lo mucho que llevabas esperándome.


Decido que no quiero escapar de tu abrazo, aunque el pánico escénico intenta hacerme girar sobre mis pasos y salir de la cama. Revuelvo mi pelo, de esa manera que tanto te gusta, mientras te acercas al centro de mi placer. Puedo sentir el olor de tu cuerpo mezclarse con mi renovada alegría. Te quiero, siento, y aunque no te lo digo, dejo que mis caderas se muevan al son del ritmo primario que nos mece en esta mañana de Junio. Había olvidado el placer de perderse en el otro, de fundirse y deshacerse sin pensar en lo que vendrá. Tus manos vencen a mi mente, y el dolor de mi cuerpo antes dormido se transforma en una danza de gemidos bañados de luz. Sonríes divertido y sexy mientras me observas delirar, contraerme y no poder más... Arqueo mi espalda, tenso cada esquina de mi cuerpo, entreabro mi boca en un suspiro acelerado mientas te agarro fuerte... En este éxtasis, eres lo único que me ata a la realidad...



...Y pierdo el sentido mientras pronuncio tu nombre, deshago los nudos de mi pecho, libero la presión que oprimía mis sentidos, despliego mis alas y mientras vuelvo a la estancia liberada y nueva, siento que aunque me marchase alguna vez, olvidase quién era, me perdiera... He vuelto por fin.


Con el alma entera, te acompaño en tu locura, te sigo hasta la pequeña muerte y te espero a su vuelta otra vez. Al revivir, suavemente acaricio tu pelo enredado, mientras descansas en mi pecho. Sonrío más fuerte que nunca. Entorno los ojos con dulzura y ahora sí. Ahora, te lo digo.



Te quiero.

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