Sentada en el final del mundo miré al vació y lloré, por no saber que me esperaba al otro lado del salto. Durante tiempo estuve meditando si esta era la mejor solución, porque para ciertas enfermedades no hay cura.
Y me preparé para la pirueta final, aquella que nos hace desaparecer del mundo. Sentí el palpitar de mi corazón en todo el cuerpo, y la respiración acelerada llenando de oxígeno mis músculos, preparados para volar por última vez.
Me había resignado hacía ya tiempo… tanto, que no supe recordar el momento en que crucé la línea y perdí la esperanza de alcanzar lo que deseaba.
Dí unos pasos hacia atrás, para que al abandonar el suelo pudiese sentir el aire dentro de cada poro de mi piel antes de abandonar la creación. Dudé, pero un último susurro que no sé de dónde salió me dijo:
- Tu puedes, hazlo!.
Salté. Y el aire entro en mis poros, y el miedo se fue, y cuando me di cuenta de que estaba cayendo a la nada sonreí, porque supe que no hay final, que todo es eterno...
Y por fin, desperté de mi sueño.
2 comentarios:
Bello.
Simplemente sublime.
La poesía del salto al vació.
El vació que te sostiene.
La incetidumbre del próximo paso en la sucesión de segundos.
Volar hacia delante y a hacia arriba.
Vivir.
Bienvenida al fabuloso mundo de los sueños. Hay ocasiones en las que son más verdaderos que la realidad, por cierto, ¿qué es la realidad?
En fin, bonitas palabras y bonito dibujo.
Besos
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