lunes, 1 de noviembre de 2010

Compartir

Que tengo un pequeño Universo Interior, eso mucha gente lo sabe. Que me encanta el arte, las ciencias, la magia, saber, aprender, descubrir, eso también lo sabéis muchos. Pero llega ese punto en el que necesito, disfruto, compartiendo mi mundo, abriendo mis puertas, enseñando quién soy y mostrando a quién aprecio lo que es tan importante para mi. Pero ahora me da miedo. Ese paso entre el interior de mi cabeza, de mi corazón, de mi alma hacia el exterior, hacia conectar con otras personas, hacia establecer lazos con lo que me rodea, me asusta. Me entenderán? Lo apreciarán? Lo pasarán por alto? Se reirán? Y es que en muchas ocasiones he recibido el desdén como respuesta.

Soy una persona ilusionada, pasional. Me desvivo por lo que amo y sin reparos lo muestro y lo regalo. Es un honor disfrutar de quién soy y compartirlo para mí es un regalo. Pero siento que tantas veces las joyas mostradas han sido valoradas como baratijas, que ahora simplemente me guardo la mercancía para mí. Es una pena. Para mi, que disfruto expresando y dejando salir mi universo a quién estimo y me rodea, y quizás para aquellos con quién me gustaría compartir, porque pienso que su propio universo podría engrandecerse con el simple hecho de mirar con cariño aquello que se les está mostrando.

Quizás, simplemente he de aprender que uno no puede forzar al resto a entender el Universo propio, que hay quienes no pueden o no saben o no quieren valorar esos regalos como algo valioso, que no entienden, que cada vez que uno abre la puerta de su espacio íntimo merece el respeto de quién se desnuda sin pudor ante los ojos extraños.

Por suerte sé que en algún momento encontraré al experto que sepa evaluar el verdadero valor del anillo. Entonces sí, compartir será un verdadero regalo.


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