Me siento como un coche con demasiados años, que a días arranca y funciona, parece llevarte al lugar al que desear llegar pero a mitad de camino se estropea y te deja tirado. En esos momentos, debes llamar a la grua, retirarte al punto de inicio y volver a revisar todas las piezas del motor, a ver cual es la que esta vez está fallando.
Puede que sea simplemente el pánico del "no lo voy a conseguir" lo que bloquea mis circuitos, me hace perder fuelle y hace que prefiera retirarme a la cuneta antes que tomar una carretera que no conozco.
Perderme? Quizás es la cuestión que me aterra, pero a la vez intento evitar coger una salida que me haga arrepentirme de no haber seguido adelante.
Por eso hay días que me siento al volante, me pongo el cinturón, arranco el coche, miro a la carretera y... me quedo allí, inmóvil y asustada, creyendo que haciendo eso es como si ya hubiese emprendido el viaje. Hasta que, al caer la noche me doy cuenta de que sigo en el mismo sitio, parada, gastando gasolina y sin llegar a conocer las maravillas del paisaje que iba a encontrar durante el viaje.
Estoy cansada de dar tantas vueltas, de arrancar, de parar, de no acabar de funcionar, de creer que estoy llendo a algun lugar y en realidad no moverme...
No hay comentarios:
Publicar un comentario