miércoles, 26 de mayo de 2010

Lo he sentido, intuído y pensado... después, he abierto el periódico. 26 de Mayo de 2010 | Ángela Becerra

El poder del No

Desde bien pequeños empezamos a ejercer el poder del Sí y el del No. Ante propuestas, dudas e ilusiones que constantemente surgen o buscamos, debemos decidir qué dirección optamos, si la aceptación o el rechazo. Muchas veces son intrascendencias, pero en ocasiones se trata de decisiones que van a configurar nuestro existir, porque la vida se construye o destruye a golpes de síes y de noes. Nuestra historia personal es esa cadena que cada uno va engarzando con sus decisiones. Unos lo definen como "el destino"; otros, como el resultado de sus aciertos y sus errores.

Pero no todo es del color que parece. Y mientras el Sí tiene un peligroso prestigio, el No tiene un erróneo rechazo.

A primera vista, un Sí es acuerdo, confianza... compromiso, mientras que un No se entiende como desacuerdo, desinterés ... ruptura.

Es por eso que, ante cualquier demanda bien planteada, lo agradable, fácil y cómodo es decir que sí, porque aceptar no plantea disgustos, discusiones ni enfrentamientos... hasta que un día tal vez surgen. Y entonces el generoso se transforma en negado, falto de criterio e irresponsable (¿estás pensando en alguien?). Todo, porque no supo dar un no en aquel momento duro y conflictivo.

Después de un mal vicio, lo que más perjudica es dar el sí por el no, o a la inversa, porque exactamente eso es la equivocación.

Cada No sensato dado a tiempo es un Sí para la paz y el acierto de nuestra vida.


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