Después de los años, después de la separación y el dolor. Me marché cuando apenas era una niña crecidita, en silencio, sin despedirme y con las manos vacías. Hoy, soy una mujer joven, llena de vida y sonrisas. Creo que notarán la diferencia.
Hace tanto que no nos vemos que creo que apenas nos reconoceremos. Pero no me importa. No. Sólo quiero que sepan que estoy bien, que la vida me sonríe y que se puede sobrevivir (mucho mejor) fuera del círculo.
No me asustan las posibles críticas. La Verdad y la serenidad son mis armas. La distancia, el bálsamo, y este encuentro, la reconciliación. Que más se puede pedir? Que en la lejanía te amen, te recuerden y que tras tanto tiempo aún se acuerden de ti.
Por supuesto, esto no significa una vuelta al redil, si no la confirmación más profunda de que yo quiero formar mi propio rebaño. No obstante antes debo visitar a mis compañeros de antaño, abrazarlos y llorar de alegría y perdón.
Y así quizás marchar en paz... y así quizás, en la distancia tenerlos más cerca.
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