Recuerdo cómo, cuando tenía 15 años, le decía con vehemencia a mi madre aquello de que "tenía novio", "mi novio esto" "mi novio aquello", refiriéndome a aquél chico de clase con el que simplemente nos cogíamos la mano por la calle, nos dábamos algún besito inocente y tomábamos una coca-cola en algún centro comercial los sábados por la tarde. Eso sí, a las diez en casa.
Mi madre, para quitarle hierro al asunto y mantener mi candidez, me decía, "no es tu novio, es simplemente tu amiguito". ¡Aquello me enervaba de tal manera! Como podía decir que era simplemente un amiguito? ¡¡Llevábamos viéndonos dos semanas!!

Ahora, pasados los años, cuando se entera de que me estoy viendo con algún chico (por que encuentra alguna camisa masculina por mi habitación, o ve que no paso muchas noches en casa), viene con aquello de que "a ver cuando le presento a mi novio", "que no le cuento nada de mi novio", "que cómo es mi novio"... En esos momentos, me la quedo mirando un buen rato, le sonrío, y socarronamente le digo : "Mamá, no tengo novio, él es simplemente, un amiguito..."

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