Me encantaría estar el Ljubljana ahora. Paseando por sus calles adoquinadas llenas de nieve, o sentada en alguno de los bancos que se encuentran fuera de esos bares pequeñitos que tienen en cada esquina. Tomar chocolate caliente acompañado de un vaso de agua, tapada con una manta mientras observo al Ljubljanica pasar. Cruzar sus puentes custodiados por dragones, sentir el frío en la cara mientras escucho a sus gentes eslovenas pronunciar palabras que no entiendo pero impresionan por su sonoridad. Y al final, descansar a los pies de Prešeren.
Pero no va a ser así, al menos hasta dentro de un tiempo...
De momento seguiré aquí, en Barcelona. Paseando por sus calles menos frías pero húmedas, sentándome en alguno de los cafés en los que ya no se puede fumar, tomando chocolate caliente mientras veo a la gente pasar hablando en idiomas que perfectamente entiendo. Seguiré cruzando sus avenidas frente al tráfico detenido, sintiendo el frío de camino a la biblioteca, dónde seguramente no podré descansar.
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