Entre quién fui y quíen soy. Entre quién amaste y ahora temes. Entre la ilusión y la magia y la angustia y la pena. Entre la locura y este exceso de razón. Entre el amor y el odio, entre la aceptación y la frustración.
Me siento perdida. Veo quién fuí, veo esa magia que llevaba conmigo siempre, veo ese amor que te profesaba, veo toda la alegría con la que te miraba. Y me veo ahora. Veo la soledad, la pérdida, el desconsuelo. Veo la rabia, la tristeza, la dureza con que miro el mundo. Me siento una harpía desalmada. Y quiero volver, volver a ser esa niña que danzaba en la luz. Que sonreía y dibujaba mundos sin miedo. Que te adoraba, que no contaba cada gramo de amor ni lo vendía al peso.
¿Porqué tanto dolor?¿Cuándo perdí el norte?¿Cuándo me olvidé de sentir y sorprenderme?¿Cuándo dejé de sonreír?
Te echo de menos. Echo de menos acurrucarme contigo en el sofá, sentarme sobre la cocina a esperarte, hablar de la vida con alegría, planificar futuros. Añoro cocinar contigo (o darte conversación mientras te estorbo un poco), reírnos de los chistes que inventamos y que nadie más entiende. Que me seques el pelo. Tocarte la espalda. Hacer el amor por la casa.
Extraño la luz de Vilanova en tu salón. Extraño la música en Plaza España. Tu coche en la explanda escondida. El xiringuito de la playa, la terraza del bar. La casa de tus padres cuando sólo estábamos nosotros, el twins.
Sé que ahora no hay remedio. Sé que es muy triste que sea así. Sé que nos miramos, pero que solo somos extraños que no se besan al marchar. Sé que no puedo cambiarlo. Sé que me gustaría que fuera así. Que me encantaría seguir amándote como el primer día, poderme perder en tus ojos, decirte cosas al oído, poder hacerte feliz.
Pero sé, que por mucho que sepa o me encantase, sólo nos queda una cosa en el presente.
Porque ahora, lo único que nos une a ti y a mi, es la distancia.
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