Nadie sabe dónde está. Lo buscamos por la ciudad, apelando a su razón y a su pronta vuelta. Paseamos con rapidez por las calles, hacemos guardia en las casas conocidas, patrullamos por sus paisajes preferidos, esperando la visión de su sonrisa y su mirada perdida.

Podía haberle pasado a cualquiera. Pero le ha pasado a él. Pantalones tejanos cortos, camiseta oscura y bambas grises. Por qué? Por qué? Por qué?
Volverá. Lo sé. Espero que ya. Una parte de mi está tranquila. La otra quiere llorar y desesperarse. Hago caso a la sensata y me recuerdo que estamos haciendo todo lo posible. Solo nos queda esperar a que su mente vuelva, que recuerde por qué el Mundo Real es tan maravilloso y regrese a su hogar.
Si lo encuentran otros, encerrarán su mente.
Y su mente es lo único que le pertenece.
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