Me peleo con la almohada, el calor y mis pensamientos. Ahora que empezaba a escribir lo que quiero hacer con mi vida, emerge toda la rabia e impotencia como los géisers calientes en medio del hielo.
A mi cabeza vienen palabras que no he dicho y debería, sentencias que he escuchado y no quiero ejecutar, peleas sin sentido y de fondo la sensación de que, en ciertos momentos, he perdido el tiempo.
No quiero ser la mala de la película. Lo he escuchado muchas veces y me lo intentado repetir (en vez de plantearme, de una puta vez por mi misma, qué hay de verdad en eso que me hace tan terrible), pero no funciona.
Empiezo a pensar que hay algo que no me encaja, que no puede ser que todo lo malo esté en un lado de la relación y todo lo bueno en el otro. De la misma fuente he aprendido que lo que uno hace en un lado del espejo es lo que se está ejecutando de forma simetrica en el otro lado, por lo que me pregunto cuales son las cosas que me han hecho saltar del trasanlántico a pesar de poder ahogarme en medio del mar.
Comienzo a saber cuales son. Comienzo a sentirme valiente para escribir sobre ellas. Y me hacen pensar en el otro de la misma forma que él piensa en mi.
Pero lo que me hace hervir la sangre es que parece que yo no puedo quejarme, por que lo "hechos" demuestran que yo soy la mala. Parece que yo siempre estoy equivocada, que yo no se pensar por mi misma, que haga o diga lo que sea estará mal. Es una forma muy sutil de quitarle a alguien la seguridad en si mismo... Tan sutil que dejará de pensar por si mismo, dejará de tomar decisiones, dejará de hacer o decir nada en contra de "el que sí sabe de la vida", no discutirá las razones del otro, ni las cuestionará y si se va, volverá, porque supuestamente sin él no puede (no sabe) vivir.
Parece que yo no pueda decir, "he visto los hechos también, y sabes, no me gustan. No me gusta la forma en que se han alargado las cosas, sobretodo si no tenian sentido. Pero lo que me duele profundamente es que no tengan sentido. Lo que me puede hacer pensar que eres mala persona es que cuando te he hablado de darle sentido tu no has querido, no me has dado la oportunidad de pensar en un posible futuro juntos. He necesitado un nombre y no lo he tenido he necesitado algo real y no ha existido. He necesitado un horizonte y tu no me lo has dado. Estoy cansada de no saber, de no poder confiar, de no dar porque siento que no vale la pena". Porque yo también he estado esperando algo durane años. Algo más que el espejismo de una relación que para el resto del mundo nunca ha existido. Porque merezco poder decirle al mundo que quiero a alguien y dejar de pensar que debo avergonzarme de lo que he tenido. Todo esto, parece ser que no puedo decirlo. Pero esta vez, lo digo.
Y empiezo a pensar, con el corazón más calmado (aunque muy enfadada aún), que en realidad ninguno de los dos es malo. Que cada uno tiene una parte de responsabilidad en el fallo de esta relación. Que cada uno ha mirado hacia su lado y que al otro le ha dado lo que ha podido, como ha podido, para conseguir lo que en el fondo estaba anhelando. Tan confusos como cantaba Joaquín Sabina en "Ruido".
Ella le pidió que la llevara al fin del mundo,
Él puso a su nombre todas las olas del mar
(...)
Ella quiso barcos y él no supo que pescar.
Y al final numeros rojos
en la cuenta del olvido,
y hubo tanto ruido
que al final llegó el final.
(...)
Y con tanto ruido
no escucharon el final.
Él le dió su amor para poder conseguir a la mujer. Ella no fue su mujer porque no pudo conseguir ser su pareja. Él no fue su pareja porque ella no era la mujer. Y ella dejó de darle su amor...
Tan tristemente confusos...
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