jueves, 15 de julio de 2010

-Caos, ven a mí... y vete, vete, vete...- Sonreí.



Se despertó un minuto antes que el despertador. Se desprendió de la enorme colcha blanca y se estiró como un gato hasta sentir cada músculo despierto. Posó los pies descalzos en el suelo de parquet y se dirigió, rascándose aún la barriga, hacia la cocina.

Mientras preparaba café pesadamente, miró por la ventana. Se avecinaba Caos.

Se preguntaba porqué se había mudado allí. Ciertamente, era un lugar tranquilo. El vecindario era agradable y silencioso. No la molestaba nadie, y los días solían ser ordenados y pausados, limpios y la casa se encontraba bañada por el Sol. Pero las Tormentas de Caos... La dejaban medio llena de Locura.

La habían avisado, y en un principio no le dio importancia... que podría hacerle el Caos a ella? Una persona ordenada, segura, tranquila?

La primera tormenta fue la peor. La pilló desprevenida. Intentó cerrar las puertas y ventanas cuando el Caos casi se le echaba encima, pero fue imposible. Se coló por cada rincón de cada estancia, lo revolvió todo, rompió, desordenó, enloqueció a cada objeto de la Casa, y por supuesto, se cebó con la inquilina, enmarañando su ropa y su cabeza, descolocando cada porción de su ser y dejándola al borde del Shock.

-Así que esto es el Caos, no?- Dijo muda, de pié entre el destrozo de su persona y del resto de la casa.

Aquella primera vez, se limitó a pasear por la casa como un zombi, recolocando cada objeto en su lugar, en silencio, mientras aún oía al Caos moverse a sus anchas por el barrio. Cuando acabó de ordenar, la casa tenía un aspecto triste y desangelado. Pasó días debajo de la gruesa colcha a la espera de una extraña muerte, o de la vuelta de la cordura, asomando algún ojo al exterior para comprobar si seguía ella en aquél lugar. Sí. Seguía. Y al final poco a poco,primero a ratos y después seguido, recuperó la serenidad y se sumergió de nuevo en la vida tranquila de aquella casa.

Después de ésta, vinieron más tormentas, en las que luchaba, escondía, guardaba y al final, salía vencida de su lucha contra el Caos. Lo había intentado todo. Tapiar las ventanas, huir al sótano, gritar, sacudirse, llorar. Pero el Caos lo llenaba todo de nuevo, destrozaba a su antojo y la henchía de frustración, locura y miedo.


Se fijó en reloj de pulsera sobre la mesa, y vió como la aguja del minutero empezaba a temblar débilmente. El Caos llegaría en media hora, calculó. Se dirigió al salón. Miró a los personajes de las fotografías, que empezaban a hacer muecas y a gritarle asustados. La televisión se encendió y apagó, las olas del cuadro del mar empezaban a moverse descontroladas, y un pensamiento extraño sobre animales que cocinan la golpeó en la sien.

Volvió a la cocina y se sentó. Dio un sorbo al café. No sabía que hacer esta vez. Se paseó, concentrada y despistada a la vez, entre el tintineo de los cacharros en los armarios. Diez minutos. Seguía sin saber que hacer. Tapiar la puerta otra vez? No serviría de nada. agarrarse a algún lado mientras pasaba la tormenta? Tampoco serviría. Se sentía más tranquila que de costumbre. Se sentó a la mesa. Las manecillas del reloj giraban como bailarinas desquiciadas sobre si mismas, esperando a parar cuando su público menos lo esperara. Mirada a la ventana. Ya casi estaba allí. Caos.

Se levantó con un impulso, serena y sin mirar alrededor, se movió hasta el recibidor y abrió la puerta de la calle. Aún en pijama, cogió la escalera, la apostó contra la fachada y subió. Le silbaban los oídos, pero aún y así, sonreía. Su pelo empezaba a estar revuelto, y la piel, de gallina.

Ya sabía que hacer.

De pié sobre el tejado. Mirando la Tormenta. Estaba allí. Extendió los brazos, y abrió las manos hasta tensar cada dedo y toda la palma. Abrió las piernas, separó los pies. Cerró los ojos y echo la cabeza hacia atrás. Inspiró.

...

Y el Caos llegó. La tocó. La atravesó. La ahogó un segundo y la revivió. Atravesó cada cabello, cada poro, cada idea y pensamiento, todo su Ser. La llenó y vació. La sostuvo, la sacudió, la sintió y la acarició. La besó en los labios. La mató. La despertó. La deshizo y la colmó. La llevó hasta la Vida. Y al final, simplemente... Pasó. El Caos, pasó. Sin hacerle Nada.



Espiró. Recogió sus manos refrescadas, movió los dedos, juntó los pies. Sonrió y se sentó un momento, mientras veía salir el sol delante de ella. Respiró, y en el momento justo giró. No había Caos ya en cielo. Esta vez, había marchado.

Empezó a bajar, tarareando. Tocó la hierba mojada de la entrada, primero con el dedo gordo del pié, después con toda la planta y llegó ligeramente al suelo.
Empujó la puerta de la casa entreabierta y entró. Menos destrozo, apenas Caos. Y de nuevo a la mesa. Allí el café, el reloj marcando y una enorme risa agradecida.

-Gracias Caos- decía riendo-. Porque ahora que no te temo, te puedo entender. Gracias Caos, porque me haces dar cuenta de qué no está en su lugar, me permites volver a la calma y a mi sitio, cambiar aquello que no está dónde le toca, tirar lo que se ha roto y renovar lo que se quedóherido.


Gracias Caos, porque Tú completas mi orden y me devuelves a Mi Lugar.

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