Sonrío a la vez que se me cierran los ojos de la extenuación. Te he dicho que hacía un año y pico que no tocaba esa máquina? jajajaja! Te he dicho que he pinchado unas cuantas venas raquíticas después de meses de no ponerme unos guantes ni para fregar los platos? Bien, bien...
Puede que suene inconexa a estas horas. Lo cierto es que me da igual. Ando contenta y cansada. Y me doy cuenta de que la ansiedad que me ha hecho estar alerta y acabar el trabajo bien hecho a pesar de las dificultades (has intentado alguna vez mantener quieta a una persona de 80 años con Parkinson mientras sientes el aliento del médico en tu nuca metiéndote prisa porque se quiere ir a casa?) sigue rondando por mi cuerpo. Por eso gritar, retorcerme, llorar. Necesito ser ese perro que da vueltas sobre si mismo hasta cansarse y caer rendido. Porque después de horas actuando a toda velocidad sentarse a ver la tele no me sirve de nada...
Y para acabar... un secreto? Es en este estado de exceso de revoluciones en el que más ganas tengo de pintar, en el que la locura se desata, monto el caballete, cojo las telas y los colores cubren mi cuarto. Y creo que así va a ser... Porque esta noche, señoras y señores, no puedo ni fumar, ni gritar, ni tengo ganas de llorar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario