domingo, 22 de agosto de 2010

Mutemos.

Me amenazas, hace frío y estoy cansada. Podemos dejarlo ya? Llevas tiempo arrinconándome aquí, alzando el puño y proyectando tu sombra sobre mias alas. Que no los ves que no conseguirás nada?



Sé que tienes miedo, que los que andan por ahí están la mayoría perdidos, hacen daño y no acaban de saber quienes son. PERO YO NO ME PUEDO QUEDAR MÁS AQUÍ INMOVIL.





Tengo que hacerlo, sabes? Salir y crecer de una vez.





Y en cuanto oye estas palabras enloquece la bestia y me vuelve hacer caer al suelo de esa cueva de miedo dónde me tiene la mayor parte del tiempo. La caída ha sido algo dura, pero al estamparse los grilletes contra el suelo, se han aflojado un poco más. Ya queda menos.



No sé que le debí dar para que se hiciese tan fuerte. Una alimentación a base de miedo, silencio y pena han convertido a ese lobo en fiera. Entiendo que no me deje hacerme mayor. Ha estado rodeado de adultos que no eran más que niños malcriados, creciditos y con arrugas, de inmaduros vestidos de traje, de princesitas enfundadas en disfraces de amas de casa.

El monstruo conoce también la inocencia y el buen hacer de los niños. Sabe de la magia, de la Visión esférica y de la creatividad de los que aún no han entrado en el mundo adulto.





Sé que no quiere que yo pierda todo eso al madurar. Sé que quiere protegerme, mantenerme fantasiosa, conectada con lo Invisible, especial y mágica. Sé que no quiere que me vuelva gris, dual, predecible y triste. Lo sé. Se lo agradezco y a la vez siento lástima por él, que es incapaz de disfrutar de la belleza del mundo externo en su secuestro de mi persona.



Pero no puedo más. La lucha con mi captor me desgasta por días, me vuelve más pequeña, débil y frágil cada vez. Porque el tiempo pasa, mi cuerpo crece y yo sigo aquí, sin poder dar el paso y llamarme con todas las letras Joven Mujer.



Creo que la tregua que le he dado durante años ha llegado a su fin. Me arriesgaré a las consecuencias y saltaré por encima de sus amenazas. Voy a salir de la cueva, voy a crecer.





Y demostrarle (y enseñar también a los que temen lo mismo) que se puede ser grande siendo joven. Que se puede ser niño siendo responsable. Que el PODER reside en el HACER con la mente de un niño todo lo que uno quiera en su cuerpo de adulto. De eso se trata madurar. De traer todo lo bueno de las experiencias infantiles y a la vez utilizar los recursos de la experiencia adulta para ser alguien mejor. Sin dejar al niño en el camino, permitir que sea una parte más, junto con las de la persona que ha vivido y así construír una versión mejorada de uno mismo.





Porque ese es el verdadero significado de la palabra CRECER: Hacerse más Grande. (y yo quiero eso para mi.)

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