viernes, 8 de julio de 2011

...Y no puedo olvidarlo.


Siempre supe que quería brillar. Desde pequeña tuve la impresión de que mi lugar se encontraba en un sitio importante. Bajo los focos. No te lo sé explicar. La sensación es la de tener una luz en el pecho que brilla y se expande, alegre y dulce, que todos pueden ver y admirar. De pequeña, sabía con una fuerza animal e instintiva, que yo tenía que hacer algo especial y único. Que yo estaba hecha de un material diferente al resto, no mejor ni peor, si no diferente.

¿Cómo un niño puede expresar con palabras una certeza tan grande? Yo no podía. No pude más que mostrar esa luz, esa capacidad para bailar con la vida, para imaginarla, reírla, sentirla a los que tenía a mi alrededor, para ver si ellos, en su experiencia como adultos, entendían el mensaje. Para ver si ellos podían poner voz a esta fuerza que me recorría.

Pero hay demasiados adultos asustados de la luz por el mundo. mayores que han olvidado su inocencia y su gracia innata, y que no sólo optan por apagar su propia luz, por detener su fuerza, si no que se esfuerzan por apagar la de los demás, por derrotar al resto, para no tener que recordar por otro aquello que ellos han querido olvidar...

Y así, mis piruetas se convirtieron en molestos movimientos que entorpecían su descanso durante la siesta, mis cuentos inventados, en exceso de imaginación infantil, mi desparpajo, en afán de protagonismo y mi inteligencia y perspicacia en la caricatura de una sabelotodo insistente.

Intenté resistir. Les mostré sin palabras quién era, lo tenía tan claro, que me esforcé por hacerles entender que no tenían que temer(me). Encendí aún más esa luz, los envolví en ella, les dí todo mi amor para que comprendiésen que yo no era una amenaza, si no un ser que necesitaba que la ayudaran a creer y crecer en su naturaleza primordial... Pero el amor rechazado a golpes se cansa, y empecé a dudar.
En aquél entonces, yo no alcanzaba a saber que no era culpa mía que a mi alrededor los mayores estuvieran enfermos del corazón y que su ilusión llevaba muerta muchos años. Yo acababa de llegar a este mundo y lo sentía amable como el calor del sol en primavera, mientras ellos lo vivían como un crudo y perenne invierno.

Y así, a fuerza de desprecio constante y olvido, empecé a pensar que no me entendían, y me dispuse a luchar por conseguir un lugar en el que ser escuchada, amada y valorada por quién era. Empecé a enseñar esa luz y esas ansias de vivir mi verdad más allá del hogar, pero las semillas de temor y abandono brotan fuertes y silenciosas cuando quién las planta es quién debería protegerte y acompañarte.

Es tan triste abandonar a los que quieres que te amen. Es tan desgarrador darte cuenta que no hay asilo dónde deberías sentirte segura. Es tan doloroso... Y aunque en mi huida creí encontrar el alivio que buscaba, las flores de la amargura, la rabia y la decepción del principio consiguieron apagar mi luz. Y me han dejado a oscuras.

Ahora, con 23 años, casi he olvidado esa fuerza con la que llegué aquí. Sé que existe, en algún lugar de mi. Sé, que esa niña que sabía tan bien quién era y qué quería, sigue viviendo en mi interior. Pero la brecha de la incomprensión se ha hecho tan grande, estoy tan falta de ese amor primigenio, que no sé como llegar a ese sitio dónde mi luz aún brilla.

Yo sólo quería que me diesen la voz para poder vivir mi camino. Yo sólo quería su reconocimiento, como quién mira un objeto y lo llama por su nombre, ya que es éste el que le da un sentido y un lugar en la realidad. Yo sólo quería su amor sin trampas, verdadero y acogedor.

Lloro. Y sé que no se puede cambiar a las personas, como no se puede despejar el cielo por mucho gritar a la lluvia. Lo sé. Pero aunque mi mente lo sabe, sigue llorando esa niña que no entiende porqué su Vida era un problema para los muertos de su alrededor.

Siento cada vez con más fuerza que va siendo hora de consolarla y darle la voz que le negaron. Es el momento ya de darle ese amor que no conoció. Ahora, es cuando me toca saber quién soy, porque en estas sombras no me toca quedarme. Por que es con esta luz, con la que me toca vivir. Y no puedo olvidarlo.

sábado, 2 de julio de 2011

Poco, que ya es mucho.


La mascara ha caido. No hay más alla de lo que ves, lees y escuchas en mi. No me importa, la verdad es que el corsé de la mentira era demasiado estrecho para dejarme respirar con tranquilidad... Ahora, bebo el aire que vuelve a fluir libre por mis pulmones y empiezo a recuperar la conciencia poco a poco.

¿Quién soy? me preguntaba estos dias, luchando con el fantasma de una imagen ilusoria de mi misma, y con una imagen distorsionada de la realidad. Esa afrenta me estaba volviendo loca... pero entre el ruido de las imágenes, los acontecimientos, cuando creí que no podría salir del dolor que produce ver que tu mentira se desace... respiré hondo y salté al vacío.

¿Quién ha dicho que tenemos que saber definir exactamente quienes somos? me pregunté frente al espejo... y empezó a aflojarse la presión en el pecho. Recordé el "Conócete a ti mismo" de Sócrates, y ve di cuenta lo poco que sabia de mi. Sí podía dar una inexacta y distorsionada definición de mi, pero la verdad es que conocerme, me conozco más bien poco... Y así cayó la máscara y se hizo añicos el espejo...

Ahora, me doy cuenta de que frente a mi tengo un lienzo en blanco, preparado para se pintado con un rostro mucho mas sincero, el que refleja la verdadera naturaleza conocida de una. me doy cuenta, agradecida, que no saber quién soy me permite descubrirlo. Sin máscara ni una definición exacta de mi persona, puedo simplemente ver a cada paso quien soy, y entonces saborear sinceramente la imagen que surje con cada movimiento. Eso será mucho más sincero, gratificante y auténtico que sostener una visión construida pero no experimentada realmente.

En esta oportunidad cojeré los pinceles con delicadeza, sin prisa pero sin pausa, extenderé todos los colores en la paleta, y dejaré que la música de los acontecimientos guien mis trazos.


Tengo ganas de descubrir quien soy. Eso sí es algo que ahora se de mí.

viernes, 24 de junio de 2011

Algunos buenos días


Bésame despacito, te pido. Con un cuerpo dolorido que se despierta poco a poco del letargo de días fríos en medio de una primavera soleada que se va, siento tus boca recorrer mi cintura. me revuelvo entre sábanas blancas que apenas cubren mi desnudez inocente. Entra el sol en el salón, y su luz vespertina me recuerda que el buen verano ya está aquí. No huele a café aún, pero tu pecho sobre el mio hace que me olvide que el día ha llegado. Sonríomidamente, y el sol entra también en la habitación. Creo que estoy preparada. Cojo tu cara entre mis manos de pianista que aun no es, y te beso yo también. En la frente, en el pelo, en las orejas, la nariz, en las mejillas... recuerdas cuanto me gusta pasear por tu rostro antes que se despierte la conciencia? Aterrizo en tus labios y me encuentro con tus ojos llenos de amor, diciéndome lo mucho que llevabas esperándome.


Decido que no quiero escapar de tu abrazo, aunque el pánico escénico intenta hacerme girar sobre mis pasos y salir de la cama. Revuelvo mi pelo, de esa manera que tanto te gusta, mientras te acercas al centro de mi placer. Puedo sentir el olor de tu cuerpo mezclarse con mi renovada alegría. Te quiero, siento, y aunque no te lo digo, dejo que mis caderas se muevan al son del ritmo primario que nos mece en esta mañana de Junio. Había olvidado el placer de perderse en el otro, de fundirse y deshacerse sin pensar en lo que vendrá. Tus manos vencen a mi mente, y el dolor de mi cuerpo antes dormido se transforma en una danza de gemidos bañados de luz. Sonríes divertido y sexy mientras me observas delirar, contraerme y no poder más... Arqueo mi espalda, tenso cada esquina de mi cuerpo, entreabro mi boca en un suspiro acelerado mientas te agarro fuerte... En este éxtasis, eres lo único que me ata a la realidad...



...Y pierdo el sentido mientras pronuncio tu nombre, deshago los nudos de mi pecho, libero la presión que oprimía mis sentidos, despliego mis alas y mientras vuelvo a la estancia liberada y nueva, siento que aunque me marchase alguna vez, olvidase quién era, me perdiera... He vuelto por fin.


Con el alma entera, te acompaño en tu locura, te sigo hasta la pequeña muerte y te espero a su vuelta otra vez. Al revivir, suavemente acaricio tu pelo enredado, mientras descansas en mi pecho. Sonrío más fuerte que nunca. Entorno los ojos con dulzura y ahora sí. Ahora, te lo digo.



Te quiero.

sábado, 18 de junio de 2011

Retazos de un relato...


No queda nadie en el escenario. Los actores, han hecho ya sus maletas. Han recogido los bártulos que quedaban sobre las mesas de los esrechos camerinos decorados con espejos iluminados por bombillas medio fundidas y se han marchado. Silencio y pesadez entre las paredes de ladrillo oscuro que el público no puede ver.

Butacas vacías, mientras el suelo desgastado de madera sobre el que se recreaban vidas respira al son de un vacío lleno de recuerdos lejanos. No queda nadie. Y las cortinas de terciopelo rojo aún recogidas, cansadas de haber sido levantadas una y otra vez, no saben aún que no volverán a ser movidas. Un foco quizá, acostumbrado a perseguir a los que fingen ser otros mientran dialogan con sus fantasmas, se asuste al darse cuenta que ya no volverá a iluminar a nadie.

Huele a lo que huelen los teatros: polvo, gente, arte, tiempo y madera otra vez. Sólo se oyen los pasos arrastrados de quién lo hizo subir y caer. Si lo hubiéseis visto en su mejor momento, sabríais que ya era hora de que lo cerraran.

Con ese pensamiento, su dueño da un último paseo por la sala, acariciando cada uno de los rincones que alguna vez estuvieron llenos de vida, antes de la última función.

Cuando acaba de recordar y el tiempo de mirar alrededor ha acabado, cierra las enormes puertas tras de sí, acunando la pena y el olvido mientras hace girar la llave por última vez, y deja atrás el espectáculo, los aplausos, el triumfo, el miedo, la tristeza y esa extraña quemazón que es la nostalgia...


...Y al salir del lugar que contuvo también su historia, mientras da el primer paso en la soleada acera de la ciudad, sonriendo para si, se da cuenta... de que volvía a entrar en el teatro... Esta vez, el de la vida.

Danzando en la incomodidad...


Hoy, que no hay palabras, dejo que la música diga lo que oigo que me cantas.



Que extraño, lo que hay en tu, en mi, en nuestro DNA. Y ahora... Quieres bailar?

martes, 14 de junio de 2011

Perdón, gracias, buenas noches, ha sido un placer.


Esta vez no le hizo falta mirar atrás para encontrarse con el pasado. Esta vez, un simple paseo por el barrio llenó sus pasos con los ojos de los que alguna vez compartieron su mundo. Normalmente evitaba pensar en ello... Ahora, sabía sonreír sin miedo, disfrutar de una buena cena, vestir como le gustaba y expresar sus ideas sin miradas de reprobación.

Pocos en su presente conocían las tardes en las que creía que no iba poder salir de aquella plaza en la que permanecía rodeada de extraños, los días en que quería huir y cambiarse el nombre, las noches en las que rogaba por un milagro que la hiciese avanzar. Ahora, sus amigos la trataban como a una más, vivía en un lugar en el que era respetada, podía desarrollarse como persona y ser feliz.

No obstante, en el fondo de su ser, a veces seguía sintiéndose aquella niña perdida a la que le concedieron su deseo de tener una vida más digna: pequeña y ridícula, desvalida y abandonada... En esos momentos, en vez de darse las gracias y mirar a su alrededor, a su existencia construida con esfuerzo, se preguntaba que hacía allí... ¿Porqué seguía creyendo que no se lo merecía? ¿Porqué no valoraba su empeño por mejorar? ¿Porque no se sentía preparada aún para ser feliz?

Quizás tenía que dejar de avergonzarse de quién fue una vez. Perdonarse por cosas de las que no era culpable, y darse las gracias por querer tener una vida mejor y por haber conseguido lo que ahora tenía. Sentirse desvalida ya no la iba a ayudar. Ser valiente una vez más, sí.


Y así, mientras paseaba por el barrio, este ya no le golpeó con el dolor del pasado, si no que le regaló el reconectar con su imagen real. En la plaza ella ya no estaba, pero los antiguos extraños seguían allí. Su nombre resonaba con alegría en su ciudad, y allí, en medio de lo que un día fue su miedo, vio la verdad. Que el milagro era por fin realidad.


Porque ahora sí. Ahora podía avanzar.


domingo, 12 de junio de 2011

Desfaig estàtues de sal...


Seria tan fàcil tornar enrere... En nits com la d'avui, en la que el silenci omple el meu voltant, els fantasmes del passat s'alcen i intenten ofegar la veu de qui recupera el seu espai.

Tan fàcil... només nou xifres estampades, un xiulet i... una veu coneguda a l'altre banda, un "com estàs?" sincer i algunes paraules intercanviades. Després potser, una cervesa i cigarrets, "et veig molt bé" i més tard pensar en quant fa que no et besava...

En nits de buit com les d'avui, trobo a faltar un destí que no sigui el meu llit, unes paraules que no siguin les meves, unes abraçades... que siguin les teves.

Però, tot i que la nostàlgia de la companyia és la que m'acarona aquesta nit, els meus dits, les meves passes i la meva veu profunda (que és molt més sàvia que aquest neguit) m'aparten d'allò que ens separa...



...per que saben que aquestes nits de soledat acabaran, aviat, en albada.